
Hay que mirar hacia adelante. Ese ha sido mi primer pensamiento en el 2o10. Quizás los que tiran la toalla son los que nunca sabrán hasta dónde hubieran llegado. Por eso mismo, mis propósitos de año nuevo se han acabado resumiendo en uno solo: no tirar la toalla nunca. En nada.
El día 30 por la noche regresó MN. Pasé todo el día nervioso, esperándolo, viendo una serie web que me recomendó Moi, que se llama "Mrs Carrington" y en la que sale La Prohibida. Me vi los ocho episodios de un tirón y me encantó. También puse "La isla de las almas perdidas", una película danesa de terror para preadolescentes. La quité a la mitad porque no me podía concentrar. Cuando MN volvió, ya se me pasaron todas las angustias existenciales.
El 31, fui a trabajar de 9 a 12, y llegué a las 9 y media, con eso lo digo todo. No hice nada, pero absolutamente nada. Pusimos música y estuvimos bailando. Después nos fuimos al bar de al lado a beber cervezas, y después de cinco, estaba un poco más que piripi. Llegué a casa a las cuatro de la tarde, me di una ducha y nos fuimos a comer a Burguer King. La ducha y la hamburguesa me sentaron genial, creo que no lo olvidaré en mucho tiempo. Después, fuimos al Corte Inglés de Sol a comprar para la cena de nochevieja. Estaba todo llenísimo de gente, pensaba que éramos los únicos que tienen por tradición dejarlo todo para el último momento. MN compró conguitos porque pasaba de comer uvas con las campanadas, él es así y por eso lo quiero tanto. Compramos una carne rellena de nueces y pasas, foie de pato, potito de manzana para el paté, una botella de vino, brownies y helado de tarta de queso de la marca del Corte Inglés, que sabe a queso de verdad y al principio da asco pero después engancha que no veas. Yo ya tenía una latita de uvas del 2009 en casa, que como no caducaba hasta el 2013, pues eso que me ahorré. Así que hicimos una cena para dos, pusimos la mesa en plan profesional y nos vestimos de gala. Me encanta cenar así, podríamos hacerlo más a menudo. Al fin y al cabo nos salió incluso más barato que cenar los dos fuera.
Vimos las campanadas con Belén Esteban, que fue muy emotivo porque estaba muy nerviosa e ilusionada, y me comí todas, todas las uvas a su debido tiempo, lo que quiere decir que va a ser un año genial. Hoy tengo fe en que así sea, y algo me dice que no he de tener miedo ante los cambios, ante las sorpresas que tenga preparadas el futuro. Después de las uvas, teníamos pensado ir a la fiesta de Marta, pero acabamos abrazados en el sofá, sin ganas de salir y haciéndonos carantoñas, así que decidimos entrar en el año nuevo en nuestro salón, viendo "La mala educación"y escuchando como desde la Puerta del Sol estallaban cientos de fuegos artificiales, en la noche helada del primer día del año.