30.12.09

La mecánica del corazón


Llovía y los trenes iban con retraso, así que me dio tiempo a acabar “Bel: Amor más allá de la muerte” en la estación, mientras las gotas repicaban en el tejado de chapa y el frío y la emoción me hacían temblar las manos. Obviamente es un libro para adolescentes, de eso no hay duda, pero el final me emocionó mucho. Una vez en casa, con los radiadores al cien por cien, me metí en la cama y comencé “La mecánica del corazón”. Por momentos me recuerda a Boris Vian y otras veces me recuerda a Alessandro Baricco, sobre todo a “Tierras de cristal”. No sé si eso es bueno o es malo, pero lo que sí sé es que me está gustando mucho la historia y ciertas imágenes bastante curiosas. Me da la impresión de que al final, “La mecánica del corazón” me hará llorar.

El supuesto dueño del perro en adopción me escribió diciéndome que había un problema, que estaba en Oporto con el perro por asuntos de negocios y que me lo enviaba si yo pagaba los gastos, que le metiera 145 euros en su cuenta. Ya. Resulta que yo me he criado en Algeciras, querido, y que me huelo una estafa a kilómetros, aunque estés en Oporto. Sobreviví al instituto del Saladillo y me sirvió como Master en la vida. Así que le escribí un correo diciéndole que qué casualidad, que mi hermana vive en Oporto y que ella puede recoger el perro en persona y traérmelo, que me diera sus datos y mi hermana iría encantada. Obviamente, no volvía a saber de él. Me siento decepcionado. No es sólo por el hecho del perro, que bueno, que me hacía ilusión. Me siento decepcionado por la gente en general.

Por la noche, a pesar de que llovía, cené en el Vips. Pedí una ensalada pero la verdad es que no tenía mucha hambre, así que me dejé más de la mitad. Regresé a casa andando, esquivando los charcos al principio y después dejando que me empaparan hasta los dobladillos de los pantalones. Quizás lo que me ocurre es que no quiero que se acabe el año, porque siempre significa el final de algo y me dan miedo los finales que no son felices.

 
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