14.12.09

Chicas y maletas y sushi para principiantes


El sábado por la mañana me dio un arrebato de "tengo que reciclarme" y me fui a Príncipe Pío a cortarme el pelo y a comprarme ropa de señor mayor, pues de repente me di cuenta de que a mis ya 31 tacos el 99.9% de mi ropa son camisetas (de superhéroes o similares) y vaqueros. El pelo me lo cortó un señor que parecía una señora a la que le gustan las señoras, o viceversa, una señora que parece un señor al que le gustan los señores. Vamos, que no me aclaré qué género/sexualidad tenía pero al menos estuve entretenido mientras me pelaba, que no hay nada que me aburra más en el mundo que ir a la peluquería (bueno, las películas de Amenábar, pero como ya paso de ir a verlas...)


En el H&M me compré una camisa (sí, camisa! no camiseta! camisa! con botones y mangas largas!!) de color morado y unos pantalones (que no son vaqueros! de una tela que no sé cómo llamar, porque no son vaqueros!). Con nuevo look y compra hecha, tiré para mi casa, que había quedado con Iván para organizar la superfiesta de cumpleaños. Cuando llegó, fuimos a comprar una tarta, picoteo conceptual, alcohol para las masas y los ingredientes secretos del ponche de los deseos. La fiesta fue un éxito, nos hicieron muchos regalos superguays, cantamos, bebimos, comimos sushi para principiantes, para expertos y pizza carioca y vimos documentos escalofriantes como el discurso de Mónica Naranjo, Blanca Portillo a oscuras o a Penélope siendo dirigida por Tita Pedra. Nadie entró en coma etílico en esta ocasión y a la mañana siguiente estábamos más frescos que una rosa en la puerta del H&M de Gran Vía para tomar el brunch.


Efectivamente ni MN ni Alfonso ni Dani ni yo pensamos no acudir a nuestra cita al brunch dominical, así que a pesar de la resaca y del frío, echamos un rato muy agradable de quiche (a pesar de que el chico del brunch no estaba y en su lugar había una...mujer!!!!) y compras. Por la tarde, Dani y MN tiraron cada uno para su pueblo y yo me quedé con Alfonso porque queríamos ir al concierto de Vega. Para hacer tiempo estuvimos criticando a los de siempre, paseando por Chueca y poniéndonos cerdas con un gofre. Yo me compré en el Vips de Fuencarral el dvd de Memento, que es una de mis películas de la década y no sé por qué motivo aún no la tenía en dvd. La cosa es que al llegar a la Sala Galileo, las entradas para Vega estaban agotadas (OOOOH!) y decidimos gastarnos los diez euros del concierto en cenar en el Vips. El drama del domingo fue que ni en el Vips de Quevedo ni en el de Fuencarral tenían la tarta de queso con toblerone, así que nos quedamos sin postre. Me temo que ya no la probaré nunca, porque me he propuesto firmemente volver a la dieta estricta, odio la Navidad y no hay mejor manera de rebelarse que no probar bocado durante las fiestas.

 
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